Exposición Simon Norfolk

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Et In Arcadia Ego/
Simon Norfolk

Estas fotografías son como capítulos de un proyecto más grande –Et in Arcadia Ego– que intenta entender cómo la guerra, y la necesidad de luchar en la guerra, ha formado nuestro mundo: cómo tantos de los espacios que ocupamos, las tecnologías que usamos, y los modos en que nos entendemos, son creados por el conflicto militar.

Los campos de batalla de Afganistán e Iraq son las más obvias manifestaciones de este proceso. Sin embargo, como campos de batalla –paisajes y superficies creados por la guerra- son las extraordinarias ciudades instantáneas vomitadas por los refugios, los extraños entornos creados por los sistemas de espionaje electrónicos, el cordón establecido alrededor de un candidato a las elecciones presidenciales de USA, o la cara de una joven chica muriendo de SIDA en un país en el que su débil sistema sanitario ha sido machacado por años de guerra civil.

Lo que estos “paisajes” tienen en común – su base fundamental en la guerra – es que siempre se les restó importancia en nuestra sociedad. Yo me sorprendí al descubrir que la larga, recta y bulliciosa carretera que pasa por mi barrio de Londres sigue una antigua calzada romana. En algunos lugares las piedras romanas siguen estando enterradas bajo el asfalto moderno. De algún modo, puede entenderse, que el sistema de caminos y vías construido por los romanos, formaba parte de su más importante tecnología militar, el equivalente de los bombarderos Stealth o el helicóptero Apache actuales. Una tecnología que permite a un gran imperio mantenerse con un ejército relativamente pequeño, que podría avanzar, de manera rápida y segura, a lo largo de estas vías pavimentadas, bajo cualquier tipo de condiciones meteorológicas. Es extraordinario que Londres, una ciudad que a lo largo del tiempo ha ido recibiendo la herencia, en su formación, del reinado de los Tudor, el Imperio Británico, los ingenieros victorianos y las modernas finanzas internacionales, sea una ciudad fundamentalmente estructurada, incluso hasta el día de hoy, por las abandonadas infraestructuras del ejército romano.

Alguien interesado en los efectos de la guerra, rápidamente se convierte en un experto en ruinas, y estas imágenes son el resultado de una larga fascinación por las ruinas y su representación a lo largo de la Historia del Arte. Algunos de los primeros fotógrafos fueron fotógrafos de ruinas y ellos se sintieron atraídos por la devastación y la decadencia en las pinturas de Nicolas Poussin y Claude Lorrain, por los diseños de jardines de Lancelot Capability Brown y la poesía de Shelley y Byron. Las ruinas en estas obras de arte fueron metáforas filosóficas sobre la estupidez del orgullo y la soberbia, sobre el temor y lo sublime, sobre el poder de Dios y, lo más importante para mí, la vanidad del Imperio. Las fotografías que estoy mostrando fueron tomadas después del 11 de septiembre, un momento muy especial para pensar en la creación de un nuevo imperio global, la brutalidad necesaria para su construcción, y lo que estas nuevas ruinas deben significar para nosotros.

Simon Norfolk

 

Nacido en Nigeria en 1963, Simon Norfolk estudió Filosofía y Sociología en las Universidades de Oxford y Bristol. Después de realizar estudios de fotografía documental en Newport, Gales del Sur, trabajó para varias publicaciones de extrema izquierda hasta 1994.

Es aproximadamente a partir de este momento, cuando abandona el fotoperiodismo y comienza a centrar su interés en la fotografía de paisaje. Ha publicado varios libros con su obra entre los que destacan “For Most Of It Have No Words: Genocide, Landscape, Memory” (1998), “Afganistán: Chronotopia” (2002) que ganó el European Publishing Award for Photography y su más reciente libro ‘Sangre’, que se publicó en 2005.

Cuenta con más de 20 exposiciones individuales de su obra y ha recibido numerosos premios. Su trabajo aparece regularmente en el New York Times Magazine y The Guardian.

Actualmente reside en Brighton (sur de Inglaterra).

www.simonnorfolk.com